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Su juguete está agotado, en todas partes – me dice
el encargado.

No estoy agotado, no en todas
partes, no todo mi ser. Hay días que me levanto de la cama y sale el sol antes
de subir las persianas. Soy yo, ilumino mi habitación y siento energías en mí
para comerme el mundo. Hay días que soy un niño, pero soy un niño de verdad
eh?, un niño que ríe y sueña con estrellas y juegos absurdos, un niño inocente
y frágil que se mece con el viento y las horas en sus juegos y fantasías. Tengo
44 años, y no he perdido del todo la inocencia. Tal vez sea un inconsciente, después
de todo, después de tanto pensar y cavilar, un millón de horas desentrañando
líneas en las que creí que iba a encontrar respuestas a esa sombra en mi
mirada, y al final, como todos, sólo quiero vivir, amar, y ser amado.

Soy un
hombre de palabras, nada nuevo con esto entonces, pero tal vez más, nunca hice
hincapié en ello, soy un hombre de imágenes, de instantes, de fugaces
relámpagos entre dos nadas que la vida nos otorga. Y recuerdo esa mirada, aquel
gesto, ese momento. Quedan impresos en mí, no sé si para siempre, o
emborronándose con el paso del tiempo. Pero su color, esa luz, da calor a mi
corazón.

En
realidad, soy un hombre, lleno de vida, miseria, dolor, alegría, inteligencia y
egoísmo; un hombre, con sus mil matices. Antes necesitaba diferenciarme y así
podía ver mi identidad, sin embargo, el dolor me ha llevado al camino inverso,
y ahora busco y me reconozco en aquello que nos une y nos lleva al abrazo y la
mirada abierta. Casi siempre, ahí siento alejarme de Ferrero, es el dolor. Nos
reconocemos muy fácilmente en el dolor. Pero dame tu mano y caminemos a otro
sitio, acompañándonos, conversando, tratando de no estar tan solos y al mismo
tiempo, dándonos de bruces con esa infinita alegría, esa de tus ojos en los
míos, amigo, amiga, que dura apenas un segundo, pero me vale para seguir
viviendo a tu lado.
Creo
que estamos hechos para amarnos, para permanecer unidos y ayudarnos, para
compartir, para tocarnos y fundirnos a ratos. Creo eso, no me da vergüenza
escribirlo, ni equivocarme con ello. Algo se estropeó en esta cultura, en esta
historia, pero de tú a tú todos sentimos algo así a menudo, me parece.
Así que
dime que me quieres, aquí estoy.
(Dedicado a J.M., capaz de irradiar tanto amor y amistad, ser honesto, y desnudarse a cada minuto para mostrar heridas y hermosos tatuajes que la vida le ha ido dejando. Gracias, desde lo más profundo de mi corazón, por quererme).
(Dedicado a J.M., capaz de irradiar tanto amor y amistad, ser honesto, y desnudarse a cada minuto para mostrar heridas y hermosos tatuajes que la vida le ha ido dejando. Gracias, desde lo más profundo de mi corazón, por quererme).